Benedicto ha afeitado sus barbas

Dice el viejo refrán “cuando las barbas de tu vecino veas afeitar pon las tuyas a remojar”.

Benedicto XVI ha dimitido. Las causas no están claras. Se sitúan en un amplio espectro que va desde la manida “razones de salud” hasta otras, más o menos rebuscadas, que hablan de conspiración palatina curial (del estilo de El Padrino III), pasando por escándalo a saltar, aislamiento, soledad, cansancio, generosidad también, etc… Por cierto: qué morbosas y desagradables resultan algunas de las frases que se han oído como “de la cruz no se baja” (¡!).

En cualquier caso se ha roto un tabú fundamental: la tradición se puede cambiar. Cualesquiera que sean las causas de la dimisión – apasionante tema para expertos en investigación histórica contemporánea y novelistas – Benedicto se ha saltado la costumbre de morir en el papado tras una agonía más o menos exhibida y comparada con la cruz. Ha afeitado la barba de que la tradición es inmutable. Setecientos años después y en una institución, la Iglesia Católica, que apoya gran parte de sus características en esa tradición, a veces, interpretada interesadamente. Institución que, guste o no, aún tiene mucha influencia en el mundo; quizás demasiada.

Teniendo en cuenta la responsabilidad histórica de la Iglesia Católica en situaciones de opresión, como la de la mujer, y en el mantenimiento de posiciones anacrónicas en casi todo lo que gira en torno a la sexualidad y la afectividad, se deberían poner a remojar todas esas barbas que, según dicen muchos que saben de esto, no tienen ninguna justificación teológica; solo la tradición. Nos referimos a cuestiones como la contumaz postergación de la mujer dentro de la propia iglesia al prohibirle acceder al sacerdocio y a otros órganos de gobierno, a la posición respecto al matrimonio homosexual, a la actitud con los divorciados, ante el celibato opcional, etc. Todas estas cosas habría que remojarlas para empezar a afeitarlas enseguida.

También habría que remojar cuestiones más de fondo. Como la propia organización de la Iglesia, sus relaciones con el poder establecido (¿hasta cuándo el trasnochado concordato español?) y los privilegios (educación, patrimonio sin IBI…), la consideración del Vaticano como un estado, los intereses económicos, el despilfarro incluso en algunas cuestiones litúrgicas y de boato.

Las comunidades cristianas de base – ignoradas, olvidadas, cuando no despreciadas por la jerarquía – llevan años soñando con todo eso, creyendo con esperanza en todo eso. Difícil parece, sobre todo si se analiza el método de sucesión papal: endogámico, endocéntrico, gerontocrático, sin transparencia y exclusivamente masculino. ¿Dónde está el pueblo? ¿Dónde el análisis y el debate? ¿Dónde la mujer y la juventud? También esta falta de participación – en el fondo miedo a la libertad – habría que ponerlo a remojar.

P.D.:

Y, ya puestos, otras instituciones y entidades podrían también mojarse las barbas e ir pensando su dimisión. Porque, a veces, la dimisión es la única salida digna, o menos mala, a situaciones podridas, cuando a uno le rodea el escándalo y empieza a oler mal alrededor. Y hablamos de dimisión (como Alfonso XIII) y no de abdicación. Porque esa sucesión es aún peor que la elección papal donde, al menos, alguien vota. Y no pensamos solo en el monarca. También en el gobierno.

Ignacio García

Parlamentario andaluz por Izquierda Unida

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El Parlamento por unanimidad insta a la Junta, a propuesta de IU, a resolver la situación de los ayudantes doctores

Vídeo

El Parlamento de Andalucía reconoce por unanimidad la “incuestionable” aportación a las Universidades Andaluzas del personal en formación y con acreditación, especialmente en lo referente a la figura de Ayudante Doctor. Así lo expresa la Cámara andaluza con la aprobación por unanimidad de una proposición no de ley que insta a la Junta a elaborar con las universidades y los agentes sociales, dentro del marco legal y competencial de Andalucía, y de acuerdo con la LOU y la LAU, una propuesta que resuelva la situación actual del Profesorado Ayudante Doctor.

La finalidad y el compromiso manifestado por el Parlamento gira en torno a “favorecer la rentabilidad social y académica, a través de la continuidad y estabilidad del profesorado, y la renovación generacional del personal docente e investigador de las universidades de Andalucía” señala Ignacio García.

Para ello, la proposición no de ley aprobada propone facilitar la conversión de los contratados como ayudantes doctores en contratados doctores, algo que en algunas comunidades autónomas se produce de forma automática y que en Andalucía requiere de una convocatoria específica, lo que, según Ignacio García, tiene que ver con que “el Gobierno central entiende como una convocatoria extraordinaria equiparada a la creación de nuevas plazas”.

Para solventar esta cuestión, el Parlamento de Andalucía insta a las universidades andaluzas, agentes sociales y Consejería de Economía, Innovación y Ciencia a “acordar y poner en marcha medidas provisionales que garanticen la continuidad del personal con acreditación y reconocimiento de méritos suficientes” hasta tanto se formula la propuesta definitiva para la “necesaria renovación generacional” del personal docente e investigador de las universidades de Andalucía.

Manto de silencio y pólvora: Sáhara

La semana pasada tuve ocasión de asistir a la asamblea anual de FANDAS (Federación Andaluza de Asociaciones Solidarias con el Sáhara) que se celebró en Arbolote (Granada). De las conversaciones con los participantes y de las intervenciones que hubo me surgen las siguientes reflexiones. Unas reflexiones que quiero pasar a papel y a la red porque la primera agresión que se hace contra el pueblo saharaui es el cubrir su situación con un espeso manto de silencio, para tapar un conflicto vergonzante que debería sonrojar a occidente.

La primera es que la situación del pueblo saharaui se prolonga ya por más de 35 años. Ese es el tiempos que hace que España entregó vergonzante e ilegalmente el territorio de la antigua colonia del Sáhara a Marruecos y Mauritania, en lugar de a su legítimo dueño, que no es otro que el pueblo saharaui, como reiteradamente ha reconocido la ONU en sus resoluciones. España abandonó el Sáhara pero, jurídicamente, sigue siendo la administración responsable del territorio, pues el proceso de descolonización no ha culminado. La dejación que hace España de sus obligaciones legales, históricas y morales no impide que siga siendo responsable de lo ya ocurrido y de lo que pueda ocurrir.

La crisis financiera y económica, consecuencia de la voracidad especulativa de occidente, golpea con especial saña y crudeza al pueblo saharaui. La ayuda humanitaria internacional ha descendido en los últimos años en más de un 50%. Las “caravanas por la paz” que llegaban a Tindouf varias veces al año desde distintos puntos de España se han visto reducidas en número y carga en cerca de un 60%. Como consecuencia de todo ello, la subsistencia del pueblo saharaui se encuentra ya rozando los límites de la desnutrición e, incluso, del hambre.

En los territorios ocupados militarmente por Marruecos, la represión es terrible. Los encarcelamientos por simple orden administrativa, las palizas, las torturas y vejaciones por parte de Marruecos a los saharauis son constantes. A los detenidos durante la destrucción del campamento de las afueras de Tindouf (en territorio ocupado) se les aplica el código de justicia militar marroquí y se les acusa de alta traición, lo que puede suponer hasta la pena de muerte.

Argelia y el Sáhara se encuentran relativamente cerca de Mali y de otras zonas calientes de África. El Polisario ha decidido que los cooperantes, salvo los relacionados con temas específicos de salud, abandonen la zona por razones de seguridad, lo que dificulta más aún la llegada de la ayuda. El malestar y los extremismos son peligrosamente contagiosos. Si no se da una salida política al tema saharaui, si se les condena al hambre, la desesperación del pueblo puede llevar a la radicalización de su juventud que, si llega, será difícil de contener. Sí, la zona es un polvorín y mantener la situación actual del Sáhara es añadir yesca y combustible a una hoguera que se puede encender.

Mientras tanto, Europa mira para otro lado, preocupada sólo por su crisis y buscando salidas cortoplacistas a la misma que, encima, se he demostrado que no funcionan. Una Europa que acaba de recibir el Premio Nobel de la Paz, sostiene y negocia con un país, Marruecos, que ilegalmente está administrando los bienes del pueblo saharaui, especialmente, la pesca, los fosfatos, el gas y otros recursos. Una Europa que será capaz de firmar un tratado pesquero con Marruecos – un país pseudodemocrático y que sistemáticamente conculca los derechos humanos – incluyendo en el mismo las aguas del caladero saharaui, a pesar del pronunciamiento en contra del propio Parlamento Europeo. A esta Europa, hipócrita e incapaz de entenderse en sí misma, le han dado el Nobel de la Paz. Quizás lo más acertado hubiera sido rechazarlo por coherencia. Desde luego, por su comportamiento en el Sáhara Europa no puede presumir de ser la cuna de la democracia y la libertad.

A pesar de todo esto, a pesar de que la crisis también les golpea directamente, a ellos y sus familias, el movimiento de solidaridad saharaui, agrupado en torno a FANDAS, sigue vivo en Andalucía. Son conscientes de que el problema del Sáhara tiene que tener, ante todo, una solución política. Y de que no valen las continuas llamadas del gobierno español “al entendimiento entre las partes” (palabras manoseadas hasta el límite del vómito). ¿Cómo se puede poner en el mismo plano a la víctima y al verdugo? ¿Cómo se pude dar el mismo trato a la violada que al violador, diciéndoles que recurran al diálogo para solucionar su problema? La gente de FANDAS es también consciente de la necesidad de continuar potenciando la ayuda humanitaria. Y en estos tiempos de crisis y de paro, muchos de ellos están parados, siguen colaborando y recogiendo ayudas para los saharauis. Su gesto de solidaridad, en esta cultura dominante del beneficio a corto y la demagogia de lo primero lo mío, está cargado de rebeldía revolucionaria.

Y, finalmente, una pequeña pincelada de esperanza. En la actual coalición de gobierno en Andalucía, Izquierda Unida asume la responsabilidad de la cooperación internacional. Que nadie dude que esto se va a traducir en un mayor apoyo para el pueblo saharaui y el que hoy es su representante legítimo, el Frente Polisario. Apoyo en lo humanitario, fundamental para subsistir, pero, sobre todo, en lo político. Porque debemos ser fieles a la posición mayoritaria del pueblo andaluz. Que indudablemente no es otra que reconocer y respetar el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.

¿A dónde vamos? De Córdoba a Tokio

“A golpes de porra y descarga eléctrica, nos introdujeron en un tren. No sabemos a dónde nos llevan. Es de noche y no podemos identificar la ruta. Solamente, de vez en cuando, a través de una rendija del vagón de ganado en el que vamos hacinados, logramos distinguir el nombre de alguna estación por la que pasa el tren. Un compañero que en su agenda lleva un mapa va punteando las estaciones que vamos identificando. A la tercera o la cuarta, el destino está claro: Auschwitz-2.”

Primera Estación: Córdoba

Izquierda Unida ha denunciado que, al menos en Córdoba, casi con toda seguridad en todas las ciudades de Andalucía, el gobierno de Rajoy ha elaborado listas con datos personales de ciudadanos participantes en diversas movilizaciones. Entre los numerosos ciudadanos que aparecen en esas listas, hay cargos públicos, miembros del gobierno andaluz y parlamentarios de Izquierda Unida.

Según la denuncia de IU “…los documentos contienen nombres, apellidos, direcciones, DNI, fechas de nacimiento y nombres de los padres, de ciudadanos y miembros de IU que, en algunos casos, participaron en la manifestación en Córdoba el pasado mes de febrero en solidaridad con los estudiantes de Valencia y otros datos de personas que no participaron en esta protesta”.

Inquietante. Podríamos estar ante auténticas listas negras que se guardan para utilizarlas ahora o más adelante. ¿Para qué se quieren estas listas? ¿Quién las elaboró u ordenó su elaboración? ¿Quién tiene acceso a ellas? ¿Para qué, para qué… para quién?

Son preguntas inquietantes a las que tendrá que responder de inmediato el Ministerio del Interior. Nos retrotraen a tiempos tenebrosos, en los que estar en estas listas podía significar no trabajar, suspender… o algo peor. Siempre, estar del lado de los condenados a perder.

La noticia puede verse en:

http://www.iuandalucia.org/izquierda-unida-constata-la-existencia-listas-negras-elaboradas-interior-que-inc

Segunda estación: Tokio

El Ministro de Finanzas japonés pide a los ancianos “que se den prisa en morir” porque su cuidado le cuesta mucho dinero al estado.

La noticia puede verse en:

http://www.eldiario24.com/nota/276240/que-los-ancianos-se-den-prisa-en-morir-pidio-un-ministro-japones.html

y en: 

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/22/internacional/1358870209.html

Este ramalazo de sinceridad – no sabemos si fruto de un exceso de sake – pone los pelos de punta. Por fin, alguno de ellos ha verbalizado lo que piensa. Porque, atención, no dice nada de los ancianos que puedan pagarse los tratamientos y cuidados.

Y no ha dimitido ni lo han cesado. Se ha conformado con decir (en japonés, supongo) algo así como “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”.

Se empiezan a caer las pieles de cordero. Cuando todo sea privado, ¿te pedirán la póliza de tu seguro para ver si tienes derecho a un determinado tratamiento, si estás al día en las cuotas?

A lo mejor lo de Córdoba y lo de Tokio no tienen nada que ver. ¿O sí?

A lo peor son parte de las estaciones de una ruta que nos indican a dónde vamos en este tren a oscuras.

“Turnándonos, unos con su bolígrafo, otras con la patilla de las gafas… algunos con las uñas, fuimos agrandando la misma rendija que nos servían para mirar. Hasta que una de las niñas pudo sacar un brazo y abrir la puerta. Nos despreciaban tanto que creyeron que por miedo no nos atreveríamos. Pero escapamos de la oscuridad a la noche.

Y nos incorporamos a la Resistencia.”

(Del “Diario de un resistente del Siglo XXI”)

¿Pactos? Seamos serios

Ultimamente está de moda proponer pactos. Y no hablo de la constitución lógica de mayorías naturales de gobierno. Son pactos genéricos. Pactos para salir de la crisis, pactos para la reforma de los ayuntamientos, pactos por Andalucía, pactos por Cádiz, pactos por cada pueblo… Y son propuestos, unas veces, por quien está en el gobierno, y otras, por quien está en la oposición.

Pueden ser un grito desesperado de quien está ya sin ideas; pero pueden ser, también, la última esperanza y, sobre todo, una demanda social creciente desde un pueblo que se cansa de explicaciones y quiere soluciones. Una sociedad capaz de pactar en su seno para avanzar habrá dado pasos de progreso. Pero, hoy, en la práctica, ¿qué pasa que mucha gente no cree ya ni en los pactos?

Está la falta de sinceridad. Todos los potenciales componentes se apresuran a presentarse como los primeros en querer el pacto. Pero, en el fondo, se desea que fracase pudiendo presentar al otro como culpable. Por fuera se dice «yo quería, pero el otro no». Por dentro se piensa «al enemigo, ni agua» (no vaya a ser que se apunte un tanto).

Aunque la cuestión de fondo es, evidentemente, de contenido. Los pactos suelen cargarse de grandilocuencia y grandes objetivos. Objetivos tanto más huecos cuanto más grandes. Para ser realmente eficaces, los pactos tienen que tener elementos muy concretos y, también, referencias presupuestarias que den viabilidad y credibilidad a esos contenidos.

Ahora se habla de un «Pacto por Andalucía». Como objetivo es laudable y, por eso, nadie en su sano juicio político se opondrá a ello, no vaya a ser que le señalen si fracasa. Pero ¿es posible que se transforme en algo viable y positivo para todos los andaluces?

Seamos serios. El pacto no puede quedarse en una mera declaración de principios al estilo de «queremos el progreso para Andalucía», o «queremos terminar con la crisis a través de la creación de empleo en Andalucía» o «queremos servicios públicos de calidad». Eso está muy bien. Pero hay que explicar cómo se va a hacer y quién va hacer cada cosa. Hay que concretar.

Para empezar, ¡es la economía, estúpido!, como diría Clinton. Parece cada vez más claro que, sin medidas de estímulo y crecimiento desde lo público, no salimos de la recesión a la que nos ha llevado la obsesión neoliberal de Merkel y Rajoy por la consolidación fiscal y/o disminución del déficit a velocidad exprés. Para eso hace falta presionar en Madrid y Bruselas. ¿Está dispuesto el PP andaluz a hacerlo e incluir ese compromiso en el pacto?

Hace falta, también, mejorar la financiación de Andalucía. Ello pasa por incrementar las transferencias del Estado, para lo cual es preciso que este genere más ingresos. ¿Está el PP andaluz dispuesto a incluir en el pacto la demanda de una reforma fiscal global estatal (más impuestos para los ricos y empresas con grandes beneficios) y a perseguir el fraude fiscal y el dinero negro, sea de quien sea? ¿Está dispuesto el PP a pedir más dinero para Andalucía?

¿Está dispuesto también el PP a exigir el cumplimiento del Estatuto, en lo que se refiere a inversiones en Andalucía, y a exigir a Montoro que se nos dé un trato, al menos equivalente al de Cataluña a la hora de facilitarnos liquidez?

Hoy los servicios sociales públicos están siendo objeto de permanentes agresiones. Sabemos que el modelo del PP pasa por su privatización. Cuando hablamos de un modelo universal y gratuito (no para que llegue a unos pocos que, además, pueden pagar suplementos), nadie ha demostrado que la gestión privada es mejor. En Cádiz sabemos algo de eso en materia sanitaria. El beneficio económico de los inversores, detrae recursos de los servicios; y las peores condiciones laborales desmotivan al personal. ¿Está el PP dispuesto a cuestionar este modelo, su modelo, como demuestra su implantación donde gobierna?

Podemos también hablar de situaciones más concretas, que también se merecerían un sitio en ese potencial Pacto por Andalucía. Por ejemplo, lo referente a la reindustrialización de la Bahía de Cádiz, algo fundamental para el empleo. Pasaría por tres patas. La primera, los astilleros de Navantia. ¿Está el PP andaluz dispuesto a reivindicar una distribución de la carga de trabajo que no margine a los astilleros andaluces y a demandar de Madrid que pelee en Europa por que se abran las posibilidades de trabajo en el sector civil? La segunda, el sector aeronáutico. ¿Está el PP andaluz dispuesto a conseguir una quita y un aplazamiento de la deuda de Alestis con el Ministerio de Industria para favorecer su viabilidad y a presionar, a través de la participación estatal española en Airbus, a que se mantenga la carga de trabajo? Y la tercera pata, la automoción. ¿Está dispuesto el PP a colaborar sin zancadillas en la generación de empleo en los antiguos terrenos de Delphi… o prefiere comprar «preferentes» con el dinero inmovilizado de Las Aletas?

En resumen, seamos serios. Pacto, sí; pero con contenido y sustancia. Se puede hablar con todo el mundo porque estamos en democracia. Pero estamos en momentos de clarificación y hay que optar. Lo contrario, el no hablar de estas cosas, es hacerse fotos, conseguir titulares… y defraudar aún más a la sociedad. El modelo del PP y el modelo de la izquierda son difícilmente compatibles.

Seamos serios. Mezclar agua y aceite estropea el agua y el aceite.